Marketing en 2014: Loompalandia y la estrategia low cost

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nt 12 del papel a la pantalla fabrica chocolate interior 300x183 Marketing en 2014: Loompalandia y la estrategia low costAcabo de leer el último post de ese genio incombustible que es Alejandro Ditrolio. Recomiendo su lectura, porque incita a la reflexión. Menciona a Toni Segarra, este tipo tan curioso, tan interesante, capaz de ideas creativas que seducen por su simplicidad como las de BMW y su “Te gusta conducir”, como de planteamientos un tanto cuestionables como S.C.P.F Academy.

Como decía, el post de Ditro me ha incitado a hacer algo…  y lo que voy a hacer es escribir este post. Y lo voy a hacer sobre dos conceptos: Loompalandia y el low cost.

¿Qué es Loompalandia?

Loompalandia es el país ficticio que aparece en “Charlie y la fábrica de chocolate”, y es donde habitaban los Oompa Loompa hasta que Willy Wonka los encontró y les propuso trabajar a cambio de nueces de cacao, que era su comida favorita y sólo se encontraba en Loompalandia una vez al año. Los Oompa Loompa eran muy trabajadores, divertidos y cantaban todo el rato.

Pues bien, parece que el modelo Oompa Loompa es el futuro que algunos quieren construir para el marketing (también para otros sectores, pero me voy a centrar en el marketing), y lo peor es que lo están consiguiendo. En este sector tan plurisdiciplinar que engloba el marketing, este modelo tiene un ecosistema propicio. Tenemos una cantidad ingente de profesionales, cuyas ansias de trabajar, crear y divertirse con su trabajo es mayor que su ambición de ganar un sueldo digno. Quieren progresar y desarrollarse, demostrar que valen, y ante esto, son capaces de realizar cualquier tarea ardua y tediosa que sea necesaria para cumplir sus metas.

El problema se origina cuando creamos, como define Di Trolio, “aldeas de becarios”. En estas aldeas de becarios, condenadas a una similitud a lo Oompa Loompa, la formación del profesional es a veces insuficiente y mucho más dura que hace unos años (que tampoco era “la repera”), ya que el becario suele “hincharse a meter horas” (siempre ha pasado en ciertos casos, pero ahora se está generalizando aún más) y porque la gama “media” de profesionales que les forma, trata y supervisa, son personas también cargadas de trabajo “hasta las trancas” (por lo que el tiempo a formar debidamente al becario se reduce). Además, estos supervisores están abocados en algunos casos, a una rotación continua entre empresas para ganar más sueldo o en muchos casos, mantenerse en un trabajo y evitar un despido en un futuro cercano, por lo que la formación y el vínculo formador-becario se interrumpe.

El low cost

El low cost nos invade. Duros a cuatro pesetas es la idea que perseguimos a la hora de asumir cualquier coste en el mundo del marketing. Queremos hacer acciones que luzcan bien y que nos permitan meter un buen margen. Y el cliente quiere expertise pero también quiere hacer lo mismo que hace un año con el 35% menos de su presupuesto.

A mi me gusta, como viajero austero que suelo ser, la aerolínea Ryanair. Me someto a incomodidades para llegar a un destino. Pero a veces no es grato que te pierdan las maletas, o te expongan con retrasos. O que el aeropuerto esté “en el quinto pino”.

Lo mismo pasa en el marketing. Los presupuestos se recortan cada vez más. Queremos, clientes y proveedores, alcanzar metas profesionales, con el menor coste posible. Nos adentramos cada vez más en un camino lleno de incomodidades bastante cuestionable y que a diferencia de Ryanair, el precio de llegar a nuestro destino no compensa a L/P.

Un camino low cost que deja un reguero de consecuencias que estamos viviendo a diario: descenso de la calidad de los proyectos realizados, sueldos más bajos y cantidad de profesionales con un futuro incierto.

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